"Mi tumba agrietada mi lluvia de langostas rojas
mi isla voladora mi uva de turquesa"
Benjamin Péret
Aquí está la meretriz desoxigenada, fútil y lábil, con garras de regressus tremens dispuestas a llegar a un nivel de obcecación tal que su coyuntura sediciosa podría cortarte en infinitesimales partecitas y enviarlas –luego de varios ósculos–, por ejemplo, a Ginsberg para que construya su aparataje morse, ahora desde Beatnikland. Se han incrementado las poliédricas indecisiones, instando a mi apéndice a abdicar, mientras se desprende el volcán nocturno de la tormenta que habita en tu iris venido a menos, aprehendiendo hombres cortos con sus cinturas de mandrágora. El ratón ha corrido millas para arribar e instalarse en el vaso, violeta los ojos, verde el coraje. En la mesa pseudo-paradigmática, se sentó el párpado lúbrico de tu voyant preferido, alrededor transitaban los rieles melenudos con rumor inhóspito y atroz. El corte será transversal, tal como el transcurrir de una fobia en un atrapa-laberintos.mi isla voladora mi uva de turquesa"
Benjamin Péret
Hay una pelota pendenciera, creadora de un arrebato devorador, que circula en la colina enjabonada por la que resbalaron cabezas calvas y beldades de arrabal, con el arrabal en los riñones –por supuesto–, después de arrellanarse sobre girasoles a contraluz y reunir a varios imbéciles en holgadas batas de seda marroquí. Aquel triunfo fracasado se llevó la mano a la boca, luego de tanta seducción a las naranjas de las tarántulas, ¡cuánto lo disfrutaba!, le generaba una sensación similar a acumular miosotis secas en el culo. Falaz cotidianidad de champiñones podridos, un jardín analítico y tuerto regó whiskey pestilente sobre sus propias crines, y luego invitó a cenar a Miss Bitchie-Demagogia, quien aceptó de forma súbita y apareció en el lugar de la cita con 30 kilos de ropa (con trademark) encima de su cuerpo, eso le dificultó un poco caminar pero no le importó. El jardín la recibió a guillotinazos, gritándole misógino: “Ven pequeña Bitchie-Dema, obtén el filo con tu páncreas”, Bitchie-Dema comenzó por lobotomizar los helechos porque eran demasiado potables y, más tarde, sin reparo, se fue a amamantar cerdos incinerados en un basurero, en el cual no faltaba la bandera, el atril y la mesa de discusiones.
Los cerdos ya no respondían a nada, y Bitchie-Dema consiguió un nuevo disparate de turno en un bar de jazz, éste era el Rey de una hermenéutica espuria y congregaba a varias insinuaciones gordas en un pequeñísimo paraíso encerrado. Bitchie-Dema tomó al Rey de sus testículos vacíos y lo llevó al fondo de un acantilado muy pink, donde le esputó arsénico encima y lo defenestró de mil formas al mismo tiempo.
Más tarde, pasó lo esperado: Bitchie-Dema se olvidó de su rededor y enseguida ató mi cerebelo a su cuello por medio de una larga cadena de púas. Recuerdo haber exclamado repetidas veces: “Bitchie-Dema, sólo falta una cosa por atar: mi cerviz ya diseminada”. Luego Bitchie-Dema dejó caer el pesado libro, el cual se hizo humo inmediatamente, ella también. Mis pies siempre fueron heteróclitos.
Guzmán González
1 aspavientos:
hermano como siempre... nada de pragmatismos en los enmarañados parrafos, igual somos pocos los paladines que nos atravemos a entrar a espadazos a esta espexa liturgia para que su sabia nos salpique el cerebro y nos haga cerrar los ojos y hablar con los dedos tocando la pared
Publicar un comentario en la entrada